martin... en viaje

todo relato empieza con un movimiento, desestabilización del personaje. en este caso, un viaje, una mudanza, periplo. de esto se trata: obviedades y petulancias: un portenio en córdoba

sábado, noviembre 28, 2009

Sobre la poesía (hoy, en CBA)

Un acercamiento al (esperanzador) estado de la poesía cordobesa

La literatura, la poesía (¿joven?) en Córdoba atraviesa hoy un período de bonanza. Las miradas recaen por estas sierras en las que, parece, algo está bullendo. Editoriales, encuentros y gente haciendo por doquier (plaquetas, presentaciones, grupos de discusión, lecturas, ¡poems, everybody!).

Lo que en parte se debe, creo, a que se conjugan algunas situaciones únicas en el país y que hacen pensar que en esta tierra, también gobernada por el peronismo y la soja, existe una particular cantera que conformará parte del filón de lecturas necesarias en los próximos años de este (nuestro) país.

Geografía

Al estar situada en el centro del país, Córdoba es el lugar ideal para el cruce y la circulación. Es la segunda ciudad del país por desarrollo, proyección y demografía, cuenta con un paisaje excepcional, una universidad prestigiosa, un humor distintivo y una bohemia (noche) que no le va en desmedro a la porteña: estas, entre otras cosas, son las que convocan (¿la tonada es un canto de sirenas?) a los miles y miles que año a año se asientan en sus faldas.

Córdoba invita: porque se despega de Buenos Aires con mucha más facilidad que el resto de las urbes, a base de haber construido una identidad fuerte, que no necesita mirarse en el espejo capitalino.

Volviendo al punto que destaca: la mixtura: la situación de contacto con todas las regiones hace también que exista en Córdoba unas acentuaciones y léxicos que no se dan, tan enriquecidos, en ningún otro lugar (en Buenos Aires el acento dominante tapa cualquier música posible).

Así es que cuando hablamos de “poesía cordobesa” muchas veces estamos refiriendo a escritores/as que nacieron en Neuquén o Salta, en Entre Ríos o San Juan y que luego se radicaron en esta provincia (y, a su vez, otra distinción hacia adentro: tampoco es lo mismo, ni el paisaje ni el acento ni la situación de fuerza, de los que habitan el valle capitalino que el “interior”, sea esto las llanuras de Villa María o Río Cuarto, las sierras de La Falda o de Mina Clavero, las aguas de Balnearia o Villa Rumipal).

Este cruce obligaría algunas preguntas (¿existe una literatura cordobesa? ¿cómo la tipificaríamos? ¿qué versa, qué tensa, qué aplaude, qué discute?) pero también aporta una punta para pensar respuesta: esta multiplicidad es en parte la definición de esta identidad, y el signo del fenómeno (léase “el buen momento de la poesía cordobesa”).

Política

Otras cuestiones, de carácter más político si se quiere, son las vinculadas a ese gastado tópico llamado “relación centro – periferia”. Desde hace años (¿dos décadas?) el centro de visibilidad de la escena poética pasa por un triángulo que comprende a, por supuesto, Buenos Aires, luego Rosario y finalmente, Bahía Blanca. En ese triángulo (con epicentro mítico en Coronel Pringles) circula la producción (hegemónica) teórica y práctica de Argentina.

¿Qué se escribió fuera de ese territorio en los renombrados, agotados, noventa? Creo que recién ahora se empieza a advertir lo que estuvo sucediendo fuera de ese coto espacial. Es ahora que se atisban las producciones del Noroeste y de la Patagonia, por ejemplo. Y de Córdoba. Tímidamente (y no tanto), algunos circuladores de la cultura central han empezado a fijar sus ojos fuera del triángulo (pienso que hasta la revista Plebella certificó como “poeta revelación del 2008” a una cordobesa, Rocío Pochettino).

En ese contexto es que quienes escriben en, desde esta provincia, fuera del foco, (pudieron y) pueden (porque pudieron) escribir un poco por los costados de los lineamientos estéticos de turno: sin presiones (sin expectativas). Y eso es lo que resalta en el conjunto de las escrituras que se pueden rastrear: múltiples voces y posiciones, marcas de libertad. En una rápida panorámica podemos ver el libro que acaba de sacar Elena Anníbali, o el que está por editar Victoria D’Antonio, y pensarlo en relación con los de Luciano Lamberti o de Lucas Tejerina, y esto equivale a encontrar lenguas encontradas, disímiles, pero iguales de poderosas. Lo mismo con los textos recientemente publicados de Carla Slek o el de Jorge Naparstek: dos dinámicas contrarias para abrir el mundo. El friso lo completarían (en una lista por supuesto sin jerarquías, incompleta y en pleno movimiento) Alejo Carbonell, Cuqui, José Di Marco, Eloísa Oliva, Vicente Luy, Gustavo Borga, Juana Luján, Mauro Césari, Laura Pratto, Marcelo Dughetti, Alejandra Baldovin, María Reineri, Agustín Privitera, Leticia Ressia, Diego Formía.

Tres patas

A este recorte de nombres, que conformarían la primera de las tres patas que soportan el quehacer poético, hay que sumarle la segunda: los espacios de circulación.

Las ferias se han convertido en un lugar propicio para el intercambio, no sólo por la posibilidad de ver, tocar y comprar revistas y libros, sino como espacio de contacto entre el escritor y (ese ente esquivo) el oyente-lector; cuando no también lugar de reunión e intercambio entre escritores. Se destacan la Feria de Río Cuarto (donde el “Aguante Poesía” convoca a poetas de todo el país con sostenida convocatoria de público), Córdoba (la más duradera), Villa María y Río Ceballos.

No menos importantes son las diversas lecturas que existen en espacios públicos y privados: Casa 13, Casa de Pepino, Casona Municipal, Biblioteca Córdoba, Cepia (Centro de Producción e Investigación en Artes, de la Universidad Nacional), el Chateau CAC, la Escuela de Letras de la UNC, el Centro Cultural España-Córdoba, el reciente La Fábrica Cultural, la librería El Baúl, la librería Del Ciclista, y esto sólo por nombrar algunos espacios en la ciudad capital.

Y la tercera pata, y no menos importante, la puesta en papel: las editoriales. Desde hace ya algunos años (como correlato de las nuevas tecnologías, la situación del mercado editorial, la emergencia de los soportes físicos, etc.) el auge de las ediciones independientes sigue buscando caminos para llegar a los lectores. Desde tiradas artesanales y numeradas como las de Funesiana, a libros con impronta cartonera como Textos de Cartón; desde ediciones cuidadas como las de Caballo Negro o Recovecos a libros endebles como los de Berrretín Editora; desde libros con formas clásicas tal el caso de Alción o de Del Copista, a formatos pequeños como los de Llanto de Mudo (o, antaño, La Creciente). Es decir, una cierta variedad en ese fetiche insuperable que sigue siendo el libro.

Corolario

De este optimista mapa que trazamos se puede sospechar que los habitantes de la Docta y ciudades aledañas respiramos, almorzamos y exudamos poesía, cosa que no es así ni por asomo. Más allá de eso hay una cierta esperanza. La obra que han ido escribiendo algunos autores (digamos, consolidados) como Alejandro Schmidt, María Teresa Andruetto, Alejandro Nicotra, Susana Cabuchi, Silvio Mattoni, entre otros, no queda abandonada en un páramo, librada en austera caída por un barranco. Hay un clima de expectación, sea lo que sea que eso signifique. Y un filón de escritores y escritoras (de veintipico, de treintaypico) peleándose con la tradición, buscándola, reconfigurándola, escupiéndola, amándola, olvidándola. Tratando de tensar y hacer su camino. Leyendo y escribiendo, leyendo y publicando, escribiendo e interviniendo, escuchando (ay de los gerundios).

Encuentros y editoriales que pululan, aunque muchos habitantes de Córdoba nunca se enteren. Un filón de jóvenes poetas van persiguiendo la poesía.



(Un fragmento de este texto en Revista LAMASMEDULA en papel, ¡Viva el papel!)


viernes, noviembre 20, 2009

El esperado libro de Elena Anníbali: viernes 27/11, Casa13




Un libro hermoso.
Velada de presentación, fiesta y sorpresas.
Despedir el año así vale la pena.
Y tenés que estar ahí. Como sea.


miércoles, noviembre 11, 2009

De "Memorias del salón de té", Martín Araujo, Berrretín, 2009

Soy una tetera pequeña y fuerte / Esta es mi asa / Este es mi pico / Cuando tengo todo me empaño / Y me escuchan gritar: / ¡Vuélquenme / Desahóguenme ya!
Stephen King


dónde juegan las niñas

en el patio de qué casa

toman la merienda -eso sé

zurcen para afuera

líricas y medias las niñas

dónde juegan

van al cine -es cierto

los sábados de continuado

tiran-cartas chusmean

hacen tajo la sonrisa

bombacha tatuaje

dónde juegan las niñas

parece ya no

en las tazas de té



martes, noviembre 10, 2009

El Corregidor, por Valeria Flores


Vino a enmendar el "error". Con golpes en la puerta de la escuela, exigió entrar para desplegar su oficio de padre macho heterosexual. La sintaxis del miedo ordenó los cuerpos de las porteras y maestras presentes. La esposa del corregidor me lo advirtió por teléfono: “Ahora va a ir mi esposo y ahí lo va a conocer”. Porque al corregidor se lo conoce por la eficacia de sus métodos. La niña llora detrás de una columna, mientras él exclama: “Cuando le pegue una piña vamos ver si es un hombre o una mujer”. No hay investidura que reconozca, porque la Dirección la encarna una mujer. Para el corregidor no hay autoridad en mujer alguna. Esa es "la" tarea que hoy lo convoca. “Quiero hablar con esa que no se sabe qué es” repite ruidosamente, al tiempo que redobla sus esfuerzos: “La voy a esperar afuera, la voy a ir a buscar a su casa”.
Salgo del aula y la visión del pasillo se estrecha en un túnel que se remata en una guerra declarada. El corregidor no tolera a la maestra que, desvergonzada de prejuicios misóginos, declara abiertamente que es lesbiana. El corregidor no tolera a la maestra que, desobedeciendo las coacciones del mandato de la feminidad, descaradamente se asume masculina. El corregidor no tolera a la maestra que, sin recato a la autoridad patriarcal, lo convoca a dialogar sobre el despliegue de estrategias de violencia simbólica que pone en acción su propia hija, fiel heredera del método paterno. Un vocerío exultante exhibe el poder del padre, que con prepotencia sacude por el hombro a la niña para zambullirla dentro del campo de batalla en que se convirtió el limitado espacio de la secretaría. No hubo ritual de concurrencia al diálogo que acertara a deponer su tarea ya emprendida. El corregidor sentenció: “Yo la voy a corregir”, se levantó el pulóver y
el cinto habló su certera y memoriosa lengua. La niña corrió, él atrás, nosotras atrás de él, los vecinos atrás de nosotras. Una señora llamó a la policía; apenas unos metros para una espesa distancia hecha de lágrimas y dolor separaban a su hija del castigo que la acechaba.
El corregidor cumplió su trabajo. El montaje de las escenas fue de una calidad perceptiva impecable: todas vibramos de temor. El ejercicio de su corrección calculó dos destinatarias. Una, su propia hija. Otra, todas las mujeres presentes. Lo demás, ya sabemos. El miedo se disemina como un virus. El corregidor lo sabe. Vino a enmendar el "error". A rectificar el orden del género. A señalar quién manda en el mundo, porque su única ley es la satisfacción del deber cumplido. Pero, señor corregidor, por suerte, por voluntad y placer de muchxs, el "error" es nuestra enseñanza.

valeria flores – maestra lesbiana feminista – neuquén
(agradezco a marian pessah que lo compartiera)

jueves, noviembre 05, 2009

Un poema de Paula Jiménez


Cada fiesta era igual: estaban todos. Y aunque la caña faltara había quedado el eco, el tiritar de los dientes de Juanita imitando su sonido, los talones repicando uno con otro, el chasquido de los dedos, la cuchara. Hasta los muertos cantaban, hacían crujir sus esqueletos como puertas antiguas cerradas por años. Crjj, crrjj, la bisagra oxidada de sus hombros, crrjj, crjj, la bisagra endurecida de sus rótulas. Escuchen sus mandíbulas, escúchenlas, golpeteo del frío de los muertos.

*
de "Ni jota", Buenos Aires, abeja reina, 2008.